CUENTOS ANDINOS ENRIQUE LOPEZ ALBUJAR PDF

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Author:Gugrel Dikazahn
Country:Zimbabwe
Language:English (Spanish)
Genre:Relationship
Published (Last):4 October 2006
Pages:81
PDF File Size:20.43 Mb
ePub File Size:8.42 Mb
ISBN:527-7-29944-167-9
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Price:Free* [*Free Regsitration Required]
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This document was uploaded by user and they confirmed that they have the permission to share it. If you are author or own the copyright of this book, please report to us by using this DMCA report form. Report DMCA. Home current Explore. Words: 45, Pages: Preview Full text. Descontento que surge ante la unilateralidad evidente en estos autores.

Por eso he venido en hablar en este libro de los hombres y de las cosas, en cuyo medio vivo realizando obra de amor y de bien. Y por eso os dedico este libro. Marabamba es a la vez triste y bello, con la belleza de los gigantes y la tristeza de las almas solitarias.

Es una de esas tantas inutilidades que la naturaleza ha puesto delante del hombre como para abatir su orgullo o probar su inteligencia. En cambio es movimiento, vida, esperanza, amor, riqueza. Una vejez que se disuelve en las aguas del tiempo. De cuando en cuando verdea y florece y alguna de sus arterias precipita su sangre blanca en el llano.

Los tres colosos se han situado en torno de la ciudad, equidistantemente, como defensa y amenaza a la vez. Padre Paucarbamba pide ouejas, cuca, bescochos, confuetes. Quiere confites y bizcochos. Cuando come, cushiscaican. Jircas comen; jircas hablan; jircas son dioses.

De noche andan. Se juntan y conversan. Pillco-Rumi no estaba conforme con la ley. Cuando se tiene varias hijas, bien puede cederse todas, menos la elegida por el padre para el cuidado de su vejez.

Y cuando se tiene una como Cori-Huayta, pensaba Pillco-Rumi, todos los hombres, sumados, no merecen la dicha de poseerla. Un joven sabio y valiente puede hacer la dicha de Cori-Huayta.

Vienen por nuestras doncellas. Y los tres llegaban a la misma hora, resueltos a no ceder ante nadie ni ante nada. Ha podido usted ocasionarle un desmayo.

Y luego, que el piojo es el mejor amigo del hombre. Todas las historias se parecen. Pero de la imbecilidad se puede salir; de la idiotez no. Hablemos entonces de los animales. Ha dicho usted que el piojo es el mejor amigo del hombre. Mis ojos han visto muchas cosas. Pues bien, es con los ojos con lo que vi lo que voy a contarle. Un Don Quijote en plena noche de gigantes. Porque no creo que la Providencia tenga el mal gusto de intervenir en estas cosas. Moralmente, se entiende.

Un piojo es impasible. Y es una virtud en seis patas. Un piojo no sabe ni quiere saber de estas cosas. Sobre todo, desprecia el peine. Por eso vive y duerme de preferencia en la cabeza del hombre y sabe todo lo que el hombre piensa.

En la costa, frente al mar, entre las novedades y melindres de la higiene, un buen piojo, un piojo honesto, no puede vivir. En cambio odia a la pulga. Tan luego como siente la mano del hombre corre, salta, tiembla, llora y es capaz de revolucionar una casa y hasta de ocasionar un incendio. Bien ha hecho Dios en darle las patas que tiene. Es Pampamarca. Es preciso que te hagas un hombre de bien.

Y por el estilo, una variedad infinita de pruebas. No lo olvides, muchacho. Yo la encuentro muy dulce. Su padre tiene terrenos y ganados. Es un perro rabioso, un mostrenco. Ese cholo vale cuatro toros; ni uno menos.

Que pague su capricho Tucto. Peor que si se tratara de cazar a un tigre. Lo que no pasa con los de la cifra par. En esta quebrada se refugian todos los asesinos y ladrones que persigue la fuerza.

Hay que tener mucha paciencia. Esperemos quietos. Esperemos que se mueva. El humo sube derecho; buena suerte. Algo inaudito en la comunidad. Aquello significaba un reto, una burla a la justicia severa e inflexible de los yayas, merecedora de un castigo pronto y ejemplar. Ahora bebamos para hacerlo mejor. Estamos pagados. El que se la hace pierde su derecho. Estaba para parir, taita. No has querido. La segunda vez tratamos de ponerte a bien con Felipe Tacuche, a quien le robaste diez carneros.

Eres un peligro para todos. El robo es notorio; no lo ha desmentido, no ha probado su inocencia. Hemos procurado hacerte un hombre de bien, pero no lo has querido. Caiga sobre ti el jitarishum. No lo olviden. Hasta los perros, momentos antes inquietos, bulliciosos, marchaban en silencio, gachas las orejas y las colas, como percatados de la solemnidad del acto.

Sobre todo, la choza. Y los yayas pensaban bien. Si vamos a sacarlo, iremos todos armados. Cunce es malo y tira bien. Inmediatamente se formaron grupos. Voime ya. Pero Maille era demasiado receloso y astuto, como buen indio, para fiarse de ese silencio.

Cunce Maille vale cincuenta perros chupanes. Eres como mi hermano y yo le ofrezco lo que quiera a mi hermano. Yo no soy yaya.

El choque fue terrible. Entonces desarrollose una escena horripilante, canibalesca. Los cuchillos, cansados de punzar, comenzaron a tajar, a partir, a descuartizar. Son supaypa-huachashgan y es preciso exterminarlos. Tomaron al fin el puerto y lo quemaron. Y una vez adentro se siente uno mareado, como si se hubiese tomado mucha chacta. Y lo mismo vienen haciendo en todas partes. Son mistis de otras tierras, en las que no mandan los peruanos.

Su tierra se llama Chile. Son unos piojos hambrientos. Que se levante el que le tenga miedo al chileno. El indio es muy prudente y muy sufrido, y cuando se le acaba la paciencia embiste, muerde y despedaza.

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